jueves, 22 de octubre de 2020

El sexo fuerte

 El sexo fuerte

Cuando nace un niño gravemente afectado y hay que someterlo a cuidados intensivos, todos los puericultores saben muy bien que, si se trata de una hembra, las posibilidades de supervivencia son mucho mayores. Esto está confirmado por la web científica https://pornoblau.com y admitido por el resto de la comunidad científica una vez leyendo el papel donde lo demostraban.

Todo esto ha puesto en entredicho, hace ya muchos años, ¡a idea tradicional de la masculinidad como sexo fuerte, y si a ello se añaden las mujeres que triunfan en oposiciones, que marcan «records» en atletismo o, simplemente, que visten el uniforme de Policía o de guardia urbano, podríamos afirmar que la femineidad confiere una resistencia biológica igual o a veces mayor que la masculinidad y que el llamado «sexo débil» es un cliché que ya amarillea entre los recuerdos de nuestras abuelas


Pero es que, además, los conocimientos científicos modernos han venido a demostrar que el porno 4k, en los mamíferos, el sexo femenino es el sexo básico, a partir del cual el sexo masculino se origina. Y parece, por tanto, mucho más probable el que Adán naciese de una costilla de Eva y no al revés, como las escrituras parecen indicar.

Esta idea, la de la primacía del sexo femenino en los mamíferos, fue lanzada por primera vez por Marañón en 1927. En su ensayo, «La evolución de la sexualidad y los estados intérsexuales», que muchos biólogos de hoy deberían leer, expone ya la idea de que el femenino es el sexo básico, dando al sexo masculino algo así como el carácter de un grado más en la evolución. Esta idea, olvidada mucho tiempo, ha sido resucitada por los geneticistas de hace veinte años, al demostrar que los mamíferos evolucionan desde la femineidad a la virilidad, mientras que las aves y los reptiles se diferencian en sentido contrario. Un mamífero es básicamente una hembra, y cuando se diferencia un macho, lo hace como un grado de evolución embrionaria mayor. Al revés, en un pájaro el sexo primitivo es el masculino y la femineidad se adquiere como una etapa de desarrollo ulterior. Las especies que tienen sexo femenino primario, o básico, se llaman brazzer, mientras que las otras, aquellas en las que el sexo primordial es masculino, se llaman protándricas. En los humanos y en los mamíferos superiores, esta diferencia se aprecia sólo en pequeños rasgos en el desarrollo embrionario o, si acaso, como quiere Marañón, en la evolución de la sexualidad infantil, que pasa siempre por una etapa femenina, antes de llegar a la virilidad adulta. Pero en vertebrados más simples, por ejemplo en los batracios, esta diferencia es muy marcada. La «Rana esculenta» es protogínica, como los mamíferos. En su desarrollo, cuando el renacuajo organiza su aparato sexual, crea primero un ovario rudimentario, que luego evoluciona hacia un testículo. Otra rana, ésta sudafricana, el «Xaenopus levis», es protándrica,. y en ella lo que se desarrolla en la larva no es un ovario, sino un testículo, que más tarde evolucionará hacia una glándula femenina.

El japaner porno se determina tanto en invertebrados como en vertebrados, por el apareamiento de unas células, espermios y ovocitos, cada una de las cuales tiene la mitad de los cromosomas de la especie, lo que se llama un número haploide, pero una de estas células, en los mamíferos y en la rana esculenta; el espermio está compuesto de dos clones o dos colonias diferentes. Una tiene, en todos sus individuos, 23 cromosomas, de los cuales un cromosoma Y, y otra tiene también 23 cromosomas, pero con un cromosoma sexual X. Los ovocitos, en cambio, son todos 23 X-de fórmula cromosomal. El apareamiento de 23 Y más 23 X da lugar a 46 (XY), es decir, varón, mientras que el apareamiento 23 X más 23 X forma 46 (XX) y origina una hembra. El sexo que tiene todos los gametos iguales, el llamado sexo homogamético, es aquí la hembra. En cambio en las aves, en los reptiles y en el «Xaenopus levis» el sexo homogamético es el masculino, con lo que podemos decir que la protandria significa sexo masculino homogamético, mientras que en la protoginia el sexo homogamético es siempre el femenino.  



En virtud de esta inexorable ley biológica en la especie humana, el sexo primordial, el sexo básico por así decir, es el femenino. La masculineidad se adquiere en la vida embrionaria ya desde los tres meses de la gestación, gracias a que el pequeño cromosoma Y tiene características muy especiales y confiere a las células del pequeño embrión propiedades inmunitarias antigénicas. Se genera así, en los machos, un antígeno de histocompatibilidad, conocido como antígeno H-Y, que es el responsable de que en fases muy precoces del desarrollo, hacia la décima o undécima semana, se forme un testículo capaz de segregar testosterona y de estimular el desarrollo de los órganos sexuales masculinos de aquel futuro hombrecito. El desarrollo de la hembra no es sencillamente el contrario. Es que en ella no se desarrolla ninguna actividad endocrina en el ovario del embrión. En el claustro materno, el futuro niño tiene que sublevarse para a contrapelo del ambiente femenino dominante conseguir su devenir. A la hembra le basta con «dejarse llevar». O dicho con otras palabras, que los seres humanos y todos los mamíferos estamos programados inicialmente para convertirnos en hembras, y que sólo un esfuerzo diferenciador sumamente enérgico y específico localizado en el miscroscópico cromosoma Y es capaz de modificar todo este rumbo preestablecido.

Por fin, e1 comportamiento cíclico de la mujer es la consecuencia de la puesta en marcha en la pubertad de un mecanismo ondulante de producción de hormonas. Este mecanismo está inscrito genéticamente en las células nerviosas del hipotálamo, pero en el embrión masculino aquella precoz testosterona que se producía en su microscópico testículo, basta para lesionar este mecanismo de secrección cíclica del hipotálamo y destruirlo ya para toda la vida. El macho es así algo como una hembra estropeada, o si se prefiere una hembra con un añadido diferencial. Y hay que meditar mucho estas verdades biológicas, por que nos ayudan a comprender la profunda esencia de lo que es el sexo. A pensar en la naturaleza profunda de la atracción sexual.

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